La Revolucion de Lopetegui

Julen Lopetegui no ha parado de probar cosas desde que asumió el cargo hace poco más de un año. La poca competitividad que había demostrado España en los últimos dos grandes torneos, sumado a la falta de energía y electricidad que desprendía el equipo, insinuaba la necesidad de una revolución. Lo que sucedía es que ésta debía ser silenciosa. A fin cuentas, la base de futbolistas, el sistema y la idea de juego iban a ser muy parecidas, por lo que el margen para el nuevo seleccionador no era tan amplio como el público le exigía.

España debía parecer la misma sin serlo, y es precisamente esto lo que ha ha conseguido Julen gracias a Isco. Ambos, junto a Silva, han llevado a España a donde debía estar a 8 meses del Mundial.
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Ahora mismo Isco Alarcón es el gran mago del fútbol español, pero no tanto por lo que hace con el balón como por lo que hace con sus equipos. Isco los cambia y transforma. Los hace suyos y mejores. Genera ventajas y superioridades donde estos necesitan. Y lo que es mejor: esto lo consigue simplemente jugando. No hace falta más.

Ante Costa Rica, el malagueño comenzó en la izquierda pero se movió en todas direcciones buscando crear una línea de pase constante para Iniesta, Busquets, Thiago o quien fuese. En su caso, la posición sólo tiene una función defensiva. Y en el de David Silva, más de lo mismo. Su explosión goleadora con la Selección le ha ido acercando hasta una segunda punta ficticia que no para de darle rédito a Lopetegui, pues además de sumar una segunda referencia está demostrando un instinto nunca antes visto en el canario. Lee bien cada pase atrás, siempre está solo donde jamás nadie lo está y nunca se choca con un Morata que, por cierto, cuajó el partido que siempre se esperó de Diego Costa. Profundo y muy ancho en los desmarques, representó una amenaza constante hasta con el balón en los pies. Su brillante momento en la Premier, a poco que se mantenga -y parece que se va a mantener-, tendrá su eco en Rusia.
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Como consecuencia de que en esta España Isco sea el cuarto centrocampista y David Silva el segundo delantero, los laterales los primeros extremos. Las bandas son completamente suyas. Más que nunca. No hay referencia que fije por fuera; pero siempre hay un futbolista cerca, lo que favorece en cantidad y calidad cada una de sus subidas. Que la primera ocasión de gol de España anoche fuera con Isco dando un tacón en derecha, Odriozola pisando línea de fondo, David Silva esperando en el punto de penalti y Jordi Alba cazando el rebote en la frontal resulta muy paradigmático. A fin de cuentas, la España de Lopetegui no será exactamente la de los centrocampistas, sino la de esa doble mediapunta a la que cuesta encasillar sobre el campo. Ésta ha sido su revolución silenciosa.
Odriozola pisó constantemente línea de fondo con peligro.