Un poderoso Valencia

El Real Madrid obtuvo una nueva victoria agónica en su lucha por la Liga ante uno de los mejores visitantes que ha visto a lo largo de esta temporada el Santiago Bernabéu. El Valencia de Voro, provisto de un orden eficaz, protegido por la inspiración de sus dos centrales y aliñado por un doble pivote de pura técnica y control como el conformado por Parejo y Soler, puso las cosas muy complicadas a un colíder cuyo principal aval derivó de la superioridad rítmica que muestra semana a semana. No se recuerda un equipo participante en el Mundial de Clubes que llegase tan, tan fresco al mes de mayo.
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En cualquier caso y pese al apuro, los de Zidane llevaron la iniciativa durante la mayor parte del envite. El sostén físico, táctico, anímico y creativo que significan Carvajal y Marcelo les facilitaba la presencia en campo rival y cierta continuidad ofensiva, y desde estas, surgieron dos centrocampistas para aportar el cambio de velocidad: Modric y Rodríguez, que ocuparon la banda derecha y la izquierda del 4-4-2 que formaron los blancos a imagen y semejanza de la rectificación acometida en la vuelta contra el Bayern cuando Lahm, Robben, Alaba y Ribéry estaban castigando en exceso la estrechez de su dibujo. Luka era el más desequilibrante con el balón en sus pies y James, el que más ventajas creó a partir de sus movimientos.
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Dicho esto, Mangala y Garay se impusieron a Benzema y Cristiano reduciendo mucho el peligro de los locales aun considerando el alto volumen de su ataque, lo cual dio soporte a Soler y Parejo para que administraran los ritmos y jugasen con la posible ansiedad de quien necesitaba los puntos. El canterano fue de menos a más porque vio tanto interés potencial en las transiciones rápidas que precipitó algunas salidas simplificando el trabajo de Casemiro, mientras que el más veterano, como acostumbra contra los grandes, exhibió esa categoría tanto técnica como intelectual que tanto daño hace a los gigantes. Cabe señalar que, en cuanto el gran Parejo condicionaba las posesiones chés, a Casemiro se le volvía a ver muy abandonado en su zona de mediocentros. La presión de Kroos y Modric volvió a ser tan obvia como poco eficaz. Por fortuna para Keylor, Sergio Ramos, aunque anduvo irregular, dominó su propia área con acierto y el atento Nacho Fernández dominó los espacios abiertos con esa rapidez que le convierte en un central notable para choques como el de ayer.
De todos modos, lo que marca la diferencia en favor del colíder, como se anunció, es su ritmo. Si hace siete días zarandeó a todo un Barcelona jugando un cuarto de hora en 10 contra 11, ayer encajó gol en el minuto 82 y se desató una tormenta que hizo que en un suspiro existiera más sensación de desborde que en lo que había ocurrido antes. Por supuesto Marcelo y Carvajal fueron claves en ello, así como la movilidad de Asensio y la hiperactividad de Morata, aunque parece que, en estos momentos de explosión, tanto hay de fútbol o superioridad física como de pura fe. Si se puede elegir un segundo para marcar el tanto que haga que los de Zidane caigan, hay que seguir el ejemplo de Messi y escoger justo el último. Sólo así dejan de creer.

Umtiti y su valentía

Durante más de una década -desde 2005-, en la etapa más gloriosa del Fútbol Club Barcelona, la defensa ha estado compuesta por tres parejas de centrales que ya son parte tanto de la historia del club como de las señas de identidad de cada equipo del que formaron parte. Primero Rafa Márquez y Carles Puyol. Más tarde, Gerard Piqué y el propio Carles Puyol. Y por último, el mismo Gerard Piqué y Javier Mascherano. Entre todos ellos había dos denominadores comunes. El primero es que la salida de balón, el primer pase, era labor del central diestro, tanto por su calidad técnica como por compartir sector con Alves, Xavi y Messi. El segundo es que el central zurdo complementaba como corrector con tal de garantizar velocidad y respuesta ante espacios abiertos.
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En ese sentido, tanto Puyol como Mascherano jugaban en la izquierda siendo diestros, un aspecto tomado como secundario. Sin embargo, en los últimos años el Barcelona ha apostado por perfiles algo más mixtos, que pudieran tener un punto de velocidad en el retorno y que pudieran activar una salida desde la izquierda de manera natural, con su pierna zurda -Mathieu, Vermaelen-. Para confirmar esa búsqueda, el Barça fichó a Samuel Umtiti, un tipo de central que viene respondiendo con varios argumentos diferentes a la pregunta de qué papel representa en esta zaga barcelonista. Porque de entrada y teniendo en cuenta su exuberancia física, el primer encaje parecía ir encaminado hacia el papel de marcador, el de referencia en el juego aéreo y la anticipación.
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Hoy eso es sólo el principio. Perdidas las figuras del interior de posesión y también la del extraordinario Dani Alves, la salida de balón del Barça ha ido perdiendo calidad y automatismos. Ante la dificultad, los culés han salido del paso con la calidad de sus futbolistas, empezando por Marc-Andre ter Stegen, siguiendo por Piqué, y también, una vez se asentó como titular, con la pierna zurda del francés ex del Lyon. un argumento per se para pasar de un campo a otro con el balón controlado y a poder ser con cierta ventaja para el receptor, que no es sino la esencia de una salida de balón protagonista.
Desde la búsqueda de soluciones, y tras la explosión de Neymar como generador de juego, recibiendo más balones que nadie, Umtiti ha pasado a ser alguien de quien esperar seguridad y valor desde que recibe. Su conexión para encontrar al extremo o al interior con el pase raso y su atrevida y potente arrancada en conducción mezclan bien ideas que están siempre presentes en el momento en el que un defensa tiene la pelota y su equipo, su club, sobreentiende que debe tratarse bien y ordenadamente el inicio del juego. Es difícil ver a Umtiti cometer errores en salida porque entre sus rasgos más características está una conciencia de mantener la pelota y no extralimitar sus funciones que sí le permitiría realizar una calidad mayor. Sin ser exquisito con el cuero, sabe cuándo y cómo forzar su técnica para no resultar escaso y sí valorado, algo fundamental a la hora de tomar decisiones.

El Espanyol no pudo hacer nada

El Real Club Deportivo Espanyol recibió al Fútbol Club Barcelona en Cornellá con la idea de provocar un tipo de partido que imaginó en base a sus fortalezas como equipo, su ímpetu como local y las posibles rendijas que dejara, como ha ido dejando durante la temporada, el Barça de Luis Enrique. Los de Quique, uno de los equipos más armados de paciencia para esperar sus momentos, también para buscarlos, encontró en los blaugrana un conjunto preparado para la ausencia de dominio; preparado para competir sin cometer errores una vez no se producían aciertos. Porque el partido entre periquitos y culés se basó en que durante todo lo que ocurrió hasta el gol fue de igualdad general e imprecisión cuando ambos tenían la pelota. Ahí estuvo la respuesta, positiva, del Barcelona.
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El Espanyol ha formado su mentalidad, su modelo de juego, en minimizar los aciertos del rival, saber sufrir ante dominios del oponente y a mantener un buen equilibrio ofensivo entre virtudes propias y el aprovechamiento de los errores ajenos. Ante los mejores equipos de la Liga, los de Quique Flores han de tener muy presente que tocará tomar conciencia de sus virtudes defensivas y verse reducida su participación en campo contrario, en número de salidas y de ocasiones de gol. Es decir, que para que pueda ganar, ha de forzar o esperar fallos en su contendiente; de concentración, de imprecisión, de decisión. Sumando eso a que en un derbi, y siendo local, el inicio es crucial para tomar ventaja y gestionar el partido desde el 1-0, que tuvo en las botas de Jurado, Quique salió a presionar.

La elección fue la de marcar individualmente a todos los hombres de campo culé, dejando a ter Stegen la primera decisión a tomar. Esto era así cuando el Barcelona sacaba de puerta, pues cuando la salida era la propia continuidad del juego, el Espanyol acudía a la presión pero con menos eficacia, así que una vez el Barça salía, los blanquiazules rearmaban el bloque. De esa primera decisión de presionar subyace la búsqueda de una recuperación rápida o un error en salida de un Barça que se mostró tranquilo en el primer toque o en el envío en largo para no comprometer en exceso la jugada. Había en el Barcelona un inicio de partido acorde a lo que era el rival y el momento competitivo.

Una vez el Barça cruzaba la divisoria, con Messi jugando de mediapunta, el Espanyol compartió con su gente su gran nivel defensivo, basculando con gracia y sabiendo corregir y enfrentar los desequilibrios de Neymar y Messi, los genios del uno contra uno. Ayudas, activación en el área, corrección tras ser girado hacia portería, seguridad atrás. El derbi era igualado, sin que nadie pudiera crear algún dominio ni acertar con la pelota. El Barça encontraba respuesta defensiva perica y viceversa: Piqué y Umtitimantenían la compostura ante las salidas locales que presentaban un grado de desacierto notorio.
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Aceptado esa mezcla entre desacierto propio en campo contrario y ausencia de errores en el propio en ambos equipos, el Barça fue el que esperó con solidez defensiva el primer punto de inflexión del encuentro, un fallo importante de Jurado al ceder a Diego López que puso en ventaja el Barcelona y obligó a su rival a buscar el empate, haciendo aparecer una actitud más agresiva sin balón, buscan do de nuevo el robo arriba.

Un poderoso Valencia

El Real Madrid obtuvo una nueva victoria agónica en su lucha por la Liga ante uno de los mejores visitantes que ha visto a lo largo de esta temporada el Santiago Bernabéu. El Valencia de Voro, provisto de un orden eficaz, protegido por la inspiración de sus dos centrales y aliñado por un doble pivote de pura técnica y control como el conformado por Parejo y Soler, puso las cosas muy complicadas a un colíder cuyo principal aval derivó de la superioridad rítmica que muestra semana a semana. No se recuerda un equipo participante en el Mundial de Clubes que llegase tan, tan fresco al mes de mayo.
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En cualquier caso y pese al apuro, los de Zidane llevaron la iniciativa durante la mayor parte del envite. El sostén físico, táctico, anímico y creativo que significan Carvajal y Marcelo les facilitaba la presencia en campo rival y cierta continuidad ofensiva, y desde estas, surgieron dos centrocampistas para aportar el cambio de velocidad: Modric y Rodríguez, que ocuparon la banda derecha y la izquierda del 4-4-2 que formaron los blancos a imagen y semejanza de la rectificación acometida en la vuelta contra el Bayern cuando Lahm, Robben, Alaba y Ribéry estaban castigando en exceso la estrechez de su dibujo. Luka era el más desequilibrante con el balón en sus pies y James, el que más ventajas creó a partir de sus movimientos.
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Dicho esto, Mangala y Garay se impusieron a Benzema y Cristiano reduciendo mucho el peligro de los locales aun considerando el alto volumen de su ataque, lo cual dio soporte a Soler y Parejo para que administraran los ritmos y jugasen con la posible ansiedad de quien necesitaba los puntos. El canterano fue de menos a más porque vio tanto interés potencial en las transiciones rápidas que precipitó algunas salidas simplificando el trabajo de Casemiro, mientras que el más veterano, como acostumbra contra los grandes, exhibió esa categoría tanto técnica como intelectual que tanto daño hace a los gigantes. Cabe señalar que, en cuanto el gran Parejo condicionaba las posesiones chés, a Casemiro se le volvía a ver muy abandonado en su zona de mediocentros. La presión de Kroos y Modric volvió a ser tan obvia como poco eficaz. Por fortuna para Keylor, Sergio Ramos, aunque anduvo irregular, dominó su propia área con acierto y el atento Nacho Fernández dominó los espacios abiertos con esa rapidez que le convierte en un central notable para choques como el de ayer.
De todos modos, lo que marca la diferencia en favor del colíder, como se anunció, es su ritmo. Si hace siete días zarandeó a todo un Barcelona jugando un cuarto de hora en 10 contra 11, ayer encajó gol en el minuto 82 y se desató una tormenta que hizo que en un suspiro existiera más sensación de desborde que en lo que había ocurrido antes. Por supuesto Marcelo y Carvajal fueron claves en ello, así como la movilidad de Asensio y la hiperactividad de Morata, aunque parece que, en estos momentos de explosión, tanto hay de fútbol o superioridad física como de pura fe. Si se puede elegir un segundo para marcar el tanto que haga que los de Zidane caigan, hay que seguir el ejemplo de Messi y escoger justo el último. Sólo así dejan de creer.

Umtiti y su valentía

Durante más de una década -desde 2005-, en la etapa más gloriosa del Fútbol Club Barcelona, la defensa ha estado compuesta por tres parejas de centrales que ya son parte tanto de la historia del club como de las señas de identidad de cada equipo del que formaron parte. Primero Rafa Márquez y Carles Puyol. Más tarde, Gerard Piqué y el propio Carles Puyol. Y por último, el mismo Gerard Piqué y Javier Mascherano. Entre todos ellos había dos denominadores comunes. El primero es que la salida de balón, el primer pase, era labor del central diestro, tanto por su calidad técnica como por compartir sector con Alves, Xavi y Messi. El segundo es que el central zurdo complementaba como corrector con tal de garantizar velocidad y respuesta ante espacios abiertos.
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En ese sentido, tanto Puyol como Mascherano jugaban en la izquierda siendo diestros, un aspecto tomado como secundario. Sin embargo, en los últimos años el Barcelona ha apostado por perfiles algo más mixtos, que pudieran tener un punto de velocidad en el retorno y que pudieran activar una salida desde la izquierda de manera natural, con su pierna zurda -Mathieu, Vermaelen-. Para confirmar esa búsqueda, el Barça fichó a Samuel Umtiti, un tipo de central que viene respondiendo con varios argumentos diferentes a la pregunta de qué papel representa en esta zaga barcelonista. Porque de entrada y teniendo en cuenta su exuberancia física, el primer encaje parecía ir encaminado hacia el papel de marcador, el de referencia en el juego aéreo y la anticipación.
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Hoy eso es sólo el principio. Perdidas las figuras del interior de posesión y también la del extraordinario Dani Alves, la salida de balón del Barça ha ido perdiendo calidad y automatismos. Ante la dificultad, los culés han salido del paso con la calidad de sus futbolistas, empezando por Marc-Andre ter Stegen, siguiendo por Piqué, y también, una vez se asentó como titular, con la pierna zurda del francés ex del Lyon. un argumento per se para pasar de un campo a otro con el balón controlado y a poder ser con cierta ventaja para el receptor, que no es sino la esencia de una salida de balón protagonista.
Desde la búsqueda de soluciones, y tras la explosión de Neymar como generador de juego, recibiendo más balones que nadie, Umtiti ha pasado a ser alguien de quien esperar seguridad y valor desde que recibe. Su conexión para encontrar al extremo o al interior con el pase raso y su atrevida y potente arrancada en conducción mezclan bien ideas que están siempre presentes en el momento en el que un defensa tiene la pelota y su equipo, su club, sobreentiende que debe tratarse bien y ordenadamente el inicio del juego. Es difícil ver a Umtiti cometer errores en salida porque entre sus rasgos más características está una conciencia de mantener la pelota y no extralimitar sus funciones que sí le permitiría realizar una calidad mayor. Sin ser exquisito con el cuero, sabe cuándo y cómo forzar su técnica para no resultar escaso y sí valorado, algo fundamental a la hora de tomar decisiones.

Lo contrario

A Ucrania viajará el Real Madrid para intentar levantar su 13ª Champions después de no perder ninguno de los dos encuentros que le han enfrentado al Bayern Munich en estas semifinales de la máxima competición europea. Esta circunstancia debe decirse pronto porque a diferencia de la temporada pasada, el equipo blanco ha llegado a la primavera desprovisto de grandes certezas colectivas desde el punto de vista táctico y sin la inspiración individual, con brillante desenlace colectivo en Cardiff, que definió su periplo hace justo un año. Así, de la mano de Navas, Ramos y Varane, el vigente campeón volverá a tener la oportunidad de citarse con la vitrina, tras eliminar a un Bayern insistente, y tras hacerlo sin las constantes futbolísticas de las que con toda razón debe presumir el primer finalista de esta edición de la Liga de Campeones. El Madrid sigue fiel a sí mismo en su relación con la victoria, de la que no se separa ni en la salud ni en la enfermedad, ni en la riqueza ni en la pobreza, ni cuando todo es extraordinario ni cuando todo es mucho más normal. Todos los días de su vida.
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Porque la vuelta de este cruce de semifinales dejó la sensación de jugarse en un contexto de completa normalidad valorativa y competitiva, donde la asunción del fallo y el desenfreno fue compartida por madridistas y bávaros. El encuentro miró a la pelota de manera muy particular, sin el aire de preocupación que ha caracterizado al último lustro de esta competición. Madrid y Bayern llegaron al Bernabéu con la camiseta por fuera y los cordones desatados, y así fue la noche que dio un billete al Real Madrid para viajar a Kiev, en la que los merengues transmitieron una sensación de extrañeza relación con la pelota. Y es que este Madrid 17-18 ha titubeado cuando ha querido domar el esférico y se ha encontrado con que también ha mirado de forma peculiar al balón cuando ha tocado defenderse. Un gol de Kimmich, el lateral derecho del campeón alemán, solo, dentro del área, puso de manifiesto lo que sucedería durante buena parte del partido. Así arrancó el encuentro de vuelta.
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En él, nuevamente fue Zinedine Zidane quien articuló una alineación con varios puntos a tratar. El primero, la ausencia de Carlos Henrique Casemiro en el mediocentro, lugar destinado para Kovacic, alejando a Luka Modric de los primeros pases y de la zona más centrada, con Asensio en banda izquierda y Karim Benzema en la punta, dejando claro que la simetría posicional en mediocampo ha sido para el francés su mayor apuesta por recuperar cierto equilibrio en sus momentos sin balón y resguardarse de las dobles parejas exteriores de Heynckes.
La respuesta de Jupp se apuntó con similar trascendencia, pues el germano situó a Thiago Alcántara en el pivote en lugar de Javi Martínez, como jefe de las operaciones, una decisión que ayudaba a los alemanes a mantener una posesión muy segura y una circulación igualmente productiva en cuanto a superar líneas de presión. 

Dzeko

Las causas del siniestro en Anfield fueron otras, en pos del 5-3-2-1 que el italiano eligió para la ocasión; pero, en vistas a este segundo asalto, conviene hacer hincapié en uno de los múltiples matices que encierra la defensa de cuatro futbolistas de la Roma. Más, si cabe, cuando esta noche –si así lo considera su técnico- deba hacer frente a dos de los mayores velocistas del torneo. Por ello, y por el daño que ya provocaron, es conveniente resaltar en este análisis la particularidad que encierra esta Roma cuando se habla de velocidades. Con todas las pistas que dejó Di Francesco sobre la mesa, si finalmente la Roma decidiese retomar para la ocasión su 4-3-3 o su 4-2-3-1, esto, además de garantizarle soluciones ofensivas muy distintas a las del sistema con tres centrales y dos carrileros, conllevaría, inevitablemente, enfrentar a su lateral y central en cuestión con Salah y Mané. Partiendo de la base que el costado zurdo, compuesto por Kolarov y Fazio, el que deberá medirse a Salah, es, significativamente, mucho más lento en el repliegue que el perfil opuesto; el conformado, salvo sorpresa, por el dúo Florenzi-Manolas.
Encarar, por tanto, al serbio y al argentino con Salah a campo abierto suena contraproducente. Y especialmente peligroso si toda la Roma, como reconoció el técnico, “tan solo centrara su atención en pararle los pies al extremo egipcio”. Salah fue especialmente incisivo en el duelo de ida en el momento que la Roma, entre Juan Jesus y Kolarov, se partió en el instante y la parcela más inoportunas. Sin embargo, si quiere mantener un halo de esperanza, el equipo debe corregir –y, sobre todo, adelantarse- a ese tipo de carices. Aunque para ello, como bien sabe Di Francesco, es importante que todo el plan responda al unísono antes, a ser posible, de que el balón caiga en los pies de Salah. Ya que sin el correspondiente esfuerzo de Nainggolan, De Rossi, laterales/carrileros, interiores, centrales y hasta de su mismísimo delantero centro, Henderson, Firmino, Milner o Arnold volverán a estar muy cómodos. Y si esto vuelve a ocurrir así, y el Liverpool consigue volver a frotar su guitarra, ni esta Roma ni el Olímpico podrán soportar el rock con el que Klopp aspira a cerrar su gira en Kiev, a finales de este mismo mes.
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. Creo que su idea debería pasar por replegarse y buscar el juego directo con Dzeko, y aprovechar el juego aereo. 

A mi, muy en lo personal, Salah no me parece un futbolista que te mate en 2 contras. Me parece un futbolista que digamos, de 10, él te mete 2. Necesita que su equipo tenga muchas oleadas ofensivas constantes para el concretar. Pero ni mucho menos es un futbolista que te produzca con poco.
Yo, a principios de temporada, lo veía muy lejos de ese nivel. Pero ha habido dos cosas que le han acercado a ese nivel. Una es la transformación de Salah en un jugador TOP 3 mundial. Muy pocos jugadores en la última década, si es que alguno quitando a Messi y Ronaldo, han firmado una temporada global a ese nivel. Ha sido un factor diferenciador tanto en Champions como en Premier. Lo segundo, la solidez que ha ganado la defensa con la incorporación de Van Dijk. A veces es necesario solo una pieza para que el resto empiece a encajar, y el holandés ha cambiado el rendimiento defensivo del Liverpool. 
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Aún así, el Liverpool es un equipo con imperfecciones bastante notables. Pero, claro, sus dos rivales en semifinales y en la final también lo son, lo cual le concede muchísimas opciones de ganar la Champions.